Rp 4.5M
出售:位于雅加达西部Meruya的战略性商铺,建筑面积100平方米Jakarta Barat, DKI Jakarta
通过 WhatsApp 聊天- 3 卫浴
- 4 楼层
- 56 m²
- 100 m²
规格
土地面积 6600 平方米
建筑面积 2000 平方米
其他证书
其他电力系统
楼层数 1
房产状况良好
装修情况 不含家具
物业类型 仓库
免受洪水侵袭
factor de que se unió al grupo un poco después, y que los editores eran personas que me conocía de antes. Estaban un poco desorientados sobre qué hacer y me propusieron entrar como una especie de enlace, que era una figura que se utilizaba entonces. Por un lado, formaba parte de la redacción porque redactaba, pero mis temas tenían que ver con el ámbito de la opinión. Es decir, que escribiera columnas sobre lo que estaba pasando, algo que estuviera a caballo entre la crónica y la opinión pura. En una columna ya de autor, donde contara un poco lo que pasaba pero desde una visión propia. No un periodista convencional. No fue difícil convencerles. Como decía, yo era ya un profesional externo que colaboraba con varios medios de comunicación, locales e internacionales. Tenía ya mi propio nombre y ellos ya sabían qué se llevaban. Fue una etapa muy constructiva para los dos, para la revista y para mí. Por la libertad absoluta que tuve, por el espacio de reflexión diaria que podía tener con todos los compañeros y los responsables. Fueron un equipo que para mí han sido determinantes, les considero mis padres periodísticos de alguna manera. Me sirvieron mucho para saber qué quería hacer en el futuro y cómo lo quería hacer, y que aquello podía ser una profesión, y no algo esporádico. Eso marcó mi relación con el entorno editorial y con el mundo del periodismo para siempre. 11. ¿En esos momentos también escribías o traducías libros? Sí. En la editorial se hacían libros, además de publicaciones mensuales. Pero también trabajé para otras editoriales haciendo informes de lectura o alguna que otra traducción. Me acuerdo de una de las que más disfruté, que fue traducir una gran novela, que hoy por hoy ya es canónica, 'Solaris', de Stanislaw Lem. 12. De polaco a catalán. Sí, fue una traducción un tanto indirecta porque mi polaco es inexistente, a partir de la traducción francesa e inglesa. Hicimos una especie de comparación crítica de textos para poder hacer la primera traducción al catalán de una de las obras cumbres de la ciencia ficción. Fue divertido. 13. ¿Qué representó para ti el 2003 y qué balance haces de esta etapa, con la consolidación en El País y de tu obra literaria? El 2003 fue un cambio. Me ofrecen hacer una columna diaria en El País, y eso ya son palabras mayores. En ese momento, las firmas que había allí eran los grandes tótems de la época. Yo era el más joven de largo y tener una columna diaria, que hoy en día parece muy normal, no lo era tanto. Me obligaba a tener una disciplina intelectual y periodística absoluta. Eran los tiempos de los blogs. Por un lado, tenía la columna diaria en el periódico más importante de aquel momento y que leía todo el mundo; y por el otro, tenía un blog donde la participación era inmediata y casi masiva. Eso hizo que lo que yo hacía llegara a un público muy diferente. Gente que podía estar interesada por la literatura, gente que podía estarlo por la música, pero también gente interesada en la política. Ese fue el momento del gran salto, porque el periodismo me permitió darme a conocer a un público que habitualmente no lee novelas, o no lee ensayos. No soy un tipo de masas ni un autor que aspire a serlo, pero sí que me gusta influir o tratar de explicar el mundo a partir de mis artículos de opinión. 14. Eres de los pioneros del mundo de los blogs… Fue apasionante porque rompió la unidireccionalidad. Aquella idea casi sagrada de que el periodista habla desde el púlpito o desde la página y los lectores se lo creen a pies juntillas. Ahí empezó algo que hoy día me parece muy nocivo, pero que entonces era muy democrático, muy revolucionario, y es que se establecía una relación entre emisor y receptor que podía llegar a ser constructiva. De ese blog me quedaron muchísimos lectores que me han seguido toda la vida y amigos que se han convertido en grandes amigos hoy en día. 15. En tu libro ‘Fiesteros’ hay un capítulo que se llama ‘Auge y caída de las macrodiscotecas’. Para un milenial es difícil comprender el fenómeno de las discotecas en los 80. Explícanos cómo eran esos tempos de la cultura de masas. Es difícil de explicar porque las discotecas, tal y como las conocíamos hasta los noventa o principios de los 2000, han desaparecido. Casi no existen, se han convertido en clubes de baile más pequeños. Aquellas macrodiscotecas, con su propio parking gigantesco, eran centros comerciales de la diversión. A ellas iba muchísima gente joven los fines de semana. Las discotecas como punto de referencia social para las clases populares eran básicas para entender esa época. Ibas allí porque querías, pero también porque el transporte te llevaba (el Chaca Chaca en Sabadell, o el tren que te dejaba cerca de la nave industrial). En los ochenta y noventa había una gran sensación de que todo esto sería para siempre. Luego llegó Internet y sobre todo la digitalización y el mundo de las aplicaciones móviles, que de pronto convirtieron a las discotecas en objetos del pasado. Hoy no necesitas ir a una discoteca para follar, para escuchar música o para saber si el dj que te gusta ha hecho un remix o no. Para eso ya tienes Instagram o Tinder. En aquella época tenías que ir a los sitios, tenías que poner el cuerpo para enterarte de lo que pasaba. Por eso estas discotecas tenían este aire casi litúrgico de procesión, en la que de pronto se llenaban durante los fines de semana. Era una forma de diversión que se basaba más en lo físico, en las presencias y el ritual que en lo virtual. 16. Y también estaba la música. ¿Ese boom de la música electrónica fue genuinamente español? No es que fuera español, es que por primera vez en España íbamos al compás de lo que pasaba en el mundo, en Detroit, Berlín o en Londres. Nos pusimos a la par gracias al fenómeno de la electrónica y sobre todo a través de la Ruta del Bakalao, el fenómeno de música electrónica de baile más potente que ha existido en Europa con permiso de Berlín y Mánchester. Se originó una cultura propia que partía de Valencia y de un par de pueblos más, se fue extendiendo por todo el Levante y subió hasta Barcelona, el Vallés y el Baix Llobregat. Creó una estética, una música y unas jerarquías propias. Lo que sucede es que todo eso acabo fatal, con una presión mediática brutal y problemas de drogas. Aquello estigmatizó a una generación entera. Todo el mundo la trataba de chunga y macarra. Con el libro ‘Fiesteros’ intenté decir que ahí se estaba creando un arte espontáneo popular que no tenía nada que ver con lo que decía la gente, que aquello formaba parte de una cultura de vanguardia real que no sucedía en los museos sino en las discotecas. 17. Como analista de tendencias culturales, ¿hacia dónde va la cultura en los próximos años? Vamos hacia una división total. Estará la cultura de las pantallas y de lo inmaterial (aquella que es rápida, de lectura o escucha ligera y que consumimos a todas horas a través de la red). Pero a la vez habrá otra cultura basada en la excepcionalidad del cuerpo, de lo físico. Aquella cultura que te requiere pagar una entrada para ir a un concierto o ver una exposición. Una cultura más pausada y más vinculada con la realidad que no con el píxel. Habrá un abismo entre ambas. A veces interactuarán, pero serán dos formas de consumir cultura totalmente diferentes. Y para mí la que sobrevivirá es la de lo físico, la de volver a tocar el objeto físico o a las personas. Eso será lo que nos haga humanos. 18. ¿Cómo te preparas una columna o un artículo? ¿A qué hora sueles escribir? Yo escribo cuando puedo. Mis horarios son una mezcla entre los horarios infantiles y escolares y el ritmo de las noticias. No tengo un orden de entrar a las 8 en el despacho para salir a las 6. Es una jornada de atención permanente a la realidad e intentar que eso no te colapse. Trato de aislarme un poco e intentar que las redes sociales y la avalancha informativa no condicionen mi manera de pensar ni que intoxique mis opiniones. Escribo mis artículos un poco antes de enviarlos. Por la mañana leo todo el ecosistema informativo y por la tarde me pongo con el artículo para entregarlo por la tarde-noche. Es un ritmo un poco estresante de entrada, pero al final te acabas acostumbrando y coges un vicio que el día que no tienes nada que hacer acabas buscándolo de manera inconsciente. 19. ¿Tienes algún truco o rincón favorito de Sabadell que quieras compartir con nosotros? Sabadell es una ciudad con muchos matices. Recomendaría pasear por el eje de la Via Massagué, que es donde yo vivía, porque mantiene el sabor de esa ciudad de mercaderes antigua. Me gusta mucho la plaza de Sant Roc porque define mucho cómo es Sabadell y, como rincón curioso, las Cuevas de Sant Oleguer. Unas cuevas en las que mucha gente vivía en la época de la postguerra y en los años cincuenta cuando venía toda la inmigración del resto de España para trabajar en la industria textil. Es un recuerdo que hoy en día, que hablamos tanto de memoria histórica, no se ha sabido rentabilizar como un ejemplo de cómo es de dura la supervivencia en las grandes ciudades, incluso cuando la economía está en auge. 20. ¿Vives en el Vallès o en Barcelona? Vivo en Barcelona, me fui de Sabadell a los veintipocos. Con los años empecé a añorar Sabadell, pero con el tiempo te das cuenta de que de lo que tienes nostalgia es de tu juventud, de aquellos lugares donde descubriste un montón de cosas. Aquel Sabadell ha cambiado, igual que Barcelona. Por suerte Barcelona y Sabadell están muy conectadas y voy a menudo por mi familia y amigos. 21. ¿Estás escribiendo alguna novela ahora? ¿Tienes algún proyecto nuevo entre manos? Siempre estoy haciendo cosas. Tengo dos proyectos de novela en marcha. Uno un poco más gamberro y otro algo más pausado. Pero últimamente le doy mucho al ensayo y me interesa mucho la historia oral y el retrato de personajes anónimos que han tenido vidas apasionantes. Intento dedicar mucho tiempo a eso, a mirar un poco hacia atrás pero no con nostalgia, sino con espíritu crítico, y contar historias que han forjado nuestra biografía y nuestro presente. No puedo adelantar mucho más, pero por ahí irán los tiros. 22. ¿Qué buscas en una lectura? No busco nada. Como decía Vila-Matas, ‘en el arte lo que no es una sorpresa es un plagio’. Yo busco que me sorprendan, no busco que me regalen el oído ni que me reafirmen mis convicciones, que me pongan en duda. Busco algo que no he leído todavía. A veces sucede con grandes obras de la literatura que las lees 30 o 40 años tarde, o cuando se publican. Lo importante es que cuando cierres el libro tu cabeza no piense igual que cuando lo abriste. 23. Eres una persona de muchas lecturas. Si un extraterrestre te pidiera que le entregaras 5 libros para que entienda lo que ha sido y qué es la humanidad, ¿cuáles le darías? Hay un libro maravilloso de un periodista que se llama Ryszard Kapuściński, ‘Viajes con Heródoto’, en el que explica su juventud en una Polonia en blanco y negro y de pronto el salto al color cuando viaja al resto del mundo, la alteridad. ‘Frankenstein’ de Mary Shelley para saber qué significa crear vida y las dudas existenciales. ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo por la poética sobre la muerte. Y los últimos dos… un buen diccionario me parece clave. No te podría decir cuál, quizás el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana de Corominas o un diccionario similar en cualquier otra lengua. Saber de dónde vienen las palabras dice mucho de nosotros. Y para terminar quizás un libro de historia universal. Me encanta el libro ‘Sapiens’ de Yuval Noah Harari porque te explica en muy poco espacio de tiempo la ambición humana de conquistar y cargárselo todo, pero a la vez de construir cosas de la nada. Es una gran paradoja de lo que somos. 24. ¿Sigues alguna serie ahora? No hace mucho vi ‘The Bear’, que es una maravilla absoluta y me atrapó mucho porque conecta con el mundo del trabajo y del oficio más básico. Me encantó por su energía y su mala hostia contenida. 25. ¿Y música? ¿Qué escuchas? De todo. No soy de géneros, soy más de estados de ánimo. Para escribir me pongo mucha música clásica y minimalista porque no me distrae. Me pongo a Max Richter o John Cage, que no tienen letra. Me he acostumbrado a escribir con ellos. Y luego para el día a día cualquier novedad, lo último de James Blake o reguetón, no tengo ningún tipo de filtro ni perjuicio con la música pop. He aprendido que las mejores canciones populares son las que duran tres minutos y te dicen cuatro cosas bien dichas y me gustan mucho los cantautores. No se trata de géneros sino de sentimientos que me transmitan. 26. ¿Cocinas? Cocino a diario pero me considero un artesano básico, nada de virguerías. Sé lo que me gusta comer y sé hacérmelo para mí y para mi familia. Me gusta mucho ir al mercado de La Boqueria en Barcelona para buscar materia prima y el hecho de mancharme las manos, cortar los ajos y llorar con la cebolla me relaja después de tantas horas con el ordenador. Me hace poner los pies en la tierra. 27. ¿Tu plato favorito para cocinar? Un arroz al horno potente, el que se comía mi abuela que es lo que para mí resume la felicidad en un plato. 28. ¿Y para que te lo cocinen? Me gusta mucho la cocina japonesa, es algo que no sé hacer pero que me fascina por su precisión. 29. ¿Qué tal te llevas con el deporte? Tenemos una relación extraña. Debería practicar más de lo que hago, pero con un niño de cinco años el ejercicio diario es perseguirle para que se duerma o para que termine de comer. Mi forma física se basa en eso básicamente. No soy de los que se ponen mallas y salen a correr, sino de los que andan mucho y siempre que puedo voy andando a todos lados. 30. Un consejo para alguien que quiera seguir tus pasos en el mundo del periodismo y la escritura. El mejor consejo que me dieron a mí: ‘Leed mucho, más de lo que escribís’. Y que tengan mucha curiosidad. Si no tienes curiosidad y solo quieres que te aplaudan o salir en la tele, búscate otro trabajo. Esto va de contar historias y tener una sensibilidad especial para saber qué es noticia y que no. Hay que tener la antena puesta las 24 horas y amar mucho el lenguaje. Sin un dominio de la lengua, por mucha inteligencia artificial que llegue, nunca seremos capaces de emocionar a otro ser humano. Y al final de eso se trata este oficio: de explicar cosas que emocionen, para bien o para mal. Translate this to English and Spanish while keeping the original meaning. Use the provided json schema. {